Estética, imagen y modernidad
Dicen los mayores que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es posible que en algunos casos puedan llevar razón, aunque habría que verlo en el caso concreto del ciclismo. El mundo avanza y eso es inevitable. Lo malo es que avanza rápido, vivimos en un cambio y superación constante con el peligro de que nos demos un batacazo, pero ahora a eso se le llama “progreso”.Centrémonos en los ciclistas y empecemos por el final y veremos que en la actualidad los ciclistas son más que nunca hombres-anuncio. Por ejemplo, sus maillots y vehículos, parecen verdaderas páginas de periódico en sus hojas de “anuncios clasificados”. Tanto su ropa como su parque móvil están inundados de letras, logos, dibujos... por el motivo ineludible de sacar el presupuesto anual del equipo. Y eso conlleva un cambio de imagen y estética que no tiene que ver con el pasado.

Ahora empecemos por el principio y fijémonos en fotografías antiguas. Podremos constatar los cambios que ha habido desde los años del catapún, donde los Campillo, Gustavo Deloor, Philippe Thijs, Gino Bartali, Fausto Coppi, Federico Bahamontes, Alfredo Binda, Gustave Lapiza, Miguel Poblet, Fermín Trueba..., por mencionar algunos y no pongamos ni épocas ni orden en esos nombres, lucían bicis de tropecientos kilos , con sólo dos piñones a cada lado de la rueda, en carreteras inhóspitas de tierra y barro, con bidones de agua metálicos con tapón de corcho, con sus gafas de motorista retro en su frente, con los tubulares enrollados por el cuerpo, con sus maillots de lana gruesa, con sus cultotes, largos y descompuestos, con sus zapatillas de corredor que parecían de bailarín arruinado, con sus gorras con la hoja de col dentro para mitigar el calor, con sus avituallamientos escasos de plátano y frutos secos, con esos cafés con colastier y azúcar, y con los coches de equipo que parecían una diligencia del oeste, más tarde descapotables, se supone que para dar órdenes más fácilmente... Recuerdo unas fotos en las que Luis Puig, seleccionador nacional, daba órdenes y parecía un general en desfile. En realidad, parecían “aquellos chalados en sus locos cacharros”. Y ni qué decir tiene ver fotos de esos “locos” admirables en días de lluvia, llenos de barro que cual fantasmas se avituallaban y saciaban su sed en fuentes, bares y todo lo que se apareciera por el camino, durmiendo en pensiones de mala muerte después de hacer 200 y 300 kilómetros de la etapa del día, o cómo se desplazaban a correr, normalmente en trenes de la época desvencijados e incómodos asientos de madera, con su maleta y bicicleta a cuestas, para llegar y “mandarse” unas etapas infernales, sin olvidar que carecían de métodos de entrenamiento. Cada uno iba por libre y así se podrían contar y comparar muchas cosas viendo esas fotos de color sepia, arrugadas y olvidadas en un desván.

Por suerte, el mundo ha avanzado y lo que antes era sencillez, penuria y hambruna se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo en modernidad, estética e imagen, tanto del propio ciclista, como de los equipos, puesto que vestimenta, vehículos, bicicletas, alimentación, sistemas de entreno y carreteras... todo ha cambiado a mejor. Ahora se cuidad todo al detalle y podemos ver esos maillots livianos, refrigerados, incluso personalizados con el nombre de su portador; esos vehículos confortables con todo lujo de detalles, en sus autocares, con ducha, cocina, sofás...; esas bicis súper livianas y aerodinámicas probadas en el túnel del viento, hasta con cambios electrónicos (de tres a cuatro bicis por corredor); cascos; gafas a juego; los fabricantes de bicis y de componentes cambian durante la temporada dos y hasta tres veces el material, lo pintan y personalizan con los colores dependiendo si el corredor es el líder del Tour, Giro o Vuelta e incluso si es campeón nacional de su país.

Los ciclistas van “niquelados” y conjuntados. Sólo Basta ver a Alberto Contador, todo de amarillo ó de rosa, a “ Purito” Rodríguez o Rubén Plaza vestidos y equipados con material con los colores de España, hasta en los “calzoncillos”. Es una gozada saber que esos ídolos y esforzados de la ruta, porque aunque hayan cambiado bastantes cosas cuesta dios y ayuda llegar a meta, viajan en avión e incluso en “jet” privado, duermen en hoteles de 4 y 5 estrellas con suficiente aporte de alimentos, medicamentos, con soporte médico y de entrenadores, mánagers y demás personal a su servicio, que llevan a los ciclistas como verdaderos artistas de cine.

Ahora veremos en el Giro, en el Tour y en la Vuelta cómo sus líderes cambian de modelito, cuidando la estética, la imagen y el glamour, conjuntados a juego. Aunque en crítica constructiva, habrá que ver lo que pasa en la Vuelta, pues a ver cómo se las ingenian los fabricantes de bicis y demás utensilios para conjuntar el nuevo maillot de la Vuelta, puesto que el elegido parece de club cicloturista y no de un líder de una gran vuelta por etapas. Todo es el precio que hay que pagar por la estética, la imagen y la modernidad.

Fuente: Carlos Menéndez - Fotógrafo






